Septiembre 24, 2019

Escucha su historia: Preguntas y respuestas con Caterina Nardi, Encargada de Contabilidad

Caterina, Encargada de Contabilidad de Gildan en Montreal, Canadá, fue diagnosticada con cáncer en diciembre de 2018. Poco después, pidió licencia, se sometió a dos cirugías y a varios ciclos de quimioterapia, pero nada la desanimó. De hecho, se siente más positiva que nunca. Esta es su historia:

Cuéntame un poco sobre ti.

Tengo dos hijas: una de trece y la otra de ocho años. La mayor es un ángel, ¡pero la menor es enérgica! Tengo un esposo maravilloso, y algo que muchas personas no saben de mí es que también tengo un hermano mellizo.

Trabajo en Gildan hace 11 años en el área de contabilidad. Tengo un jefe excelente y un equipo asombroso. Todos tenemos distintas características, así que cada uno aporta algo extra al equipo; nos complementamos muy bien. Somos una pequeña familia.

Me encanta eso, porque pasamos la mayor parte del tiempo en el trabajo, así que debemos crear un entorno en el que estemos felices. Me gusta tener pequeños gestos que les alegre el día a los demás. Por ejemplo, me gustaba llevar un pastel cada semana, simplemente porque sí.

¿Cómo te sentiste cuando te diagnosticaron?

Lo gracioso es que ya han pasado unos meses y todavía no me doy cuenta por completo que tengo cáncer. Tuve una cirugía en febrero y hace poco terminé un ciclo de quimio, pero no siento nada. No me siento enferma. Cuando el médico me dio la noticia, mi primera pregunta fue: “Bien, ¿y ahora qué hacemos?” De inmediato supe que este era solo otro capítulo de mi vida que debía atravesar. No dejé que me desanimara. Hasta el momento, no he llorado ni una sola vez.

¿A quién recurriste?

No tuve que recurrir a nadie; mi familia estuvo ahí desde el primer momento. No tuve que decir ni hacer nada porque su apoyo fue automático.

Además, tengo compañeros de trabajo maravillosos que se comunicaron conmigo. Durante todo este proceso, me han llamado, enviado mensajes de texto e invitado a eventos de la Compañía. Me hace bien saber que piensan en mí y que tengo amistades tan lindas. Cuando vuelvo a la oficina para algún evento, me gusta poder escapar un rato de mi realidad y disfrutar con ellos.

Incluso me hicieron una camiseta que dice: “¡El cáncer se metió con la luchadora equivocada!”

¿Vives la vida de otro modo ahora?

Sí, definitivamente.

Solía preocuparme por todo, incluso antes de que sucedieran las cosas. Ahora, me concentro en cuidarme y en prestar atención a las pequeñas cosas.

Sí, tengo cáncer, pero no hay nada que pueda hacer para cambiarlo, de modo que vivo el día a día.

¿Cómo disfrutas de las pequeñas cosas de la vida?

A algunos puede parecerles tonto, pero disfruto de las cosas simples.

En honor a mi suegro, que falleció de cáncer a principios de este año, decidí tener un jardín. Cada mañana, me levanto y cuido mis plantas... Me hace sentir bien. Después voy a caminar sola, me pierdo en mis pensamientos y me tomo el tiempo para estar sola.

También paso más tiempo con mis hijas. Me di cuenta de que las disfrutaba por las noches o en las vacaciones, pero ahora puedo estar todo el día con ellas. Si quieren ir a pasear en bicicleta, les digo: “¡Vamos!” Veo cómo el estar en casa tuvo un efecto positivo en ellas. Los niños demandan mucha atención, y eso es lo que puedo darles ahora.

¿Cómo están atravesando tus hijas este período de tu vida?

Saben que tengo cáncer y entienden qué es, pero no sé si comprenden realmente que existe la posibilidad de que muera. A veces, me ven mejorar; otras, me ven empeorar. A veces me hacen preguntas y, otras veces, no quiero hablar al respecto. Son los altibajos propios de la vida diaria.

El otro día, mi hija más pequeña vino y me dijo: “Mami, ¡desearía que no existiese el cáncer!” Le respondí: “Es así... Estamos en este planeta, pero no sabemos durante cuánto tiempo. Lo único que podemos hacer es disfrutar”. Trato de enseñarle a tener una actitud positiva siempre.

¿De dónde proviene tu fuerza y resiliencia?

Qué buena pregunta; no estoy segura.

Creo que no crecí en un ambiente que fuera negativo. Cuando era chica, mis padres tenían dificultades para llegar a fin de mes, pero nunca nos hicieron sentir eso. Nos ayudaban a adoptar una actitud positiva y nos enseñaron que la vida tiene su lado negativo pero también un lado positivo, y que simplemente hay que aceptarlo.

También creo que mi fortaleza viene de mi esposo. Es un santo. Me ha ayudado en todo este proceso, aunque los últimos meses fueron increíblemente difíciles para él. Me diagnosticaron cáncer, su papá falleció, perdió el empleo y luego le pusieron un marcapasos a su mamá. No ha sido fácil para él, pero se mantuvo positivo.

Estamos en la misma sintonía, tenemos la misma mentalidad y vivimos un día a la vez. Sabemos que no somos perfectos, pero somos perfectos el uno para el otro.

Al fin y al cabo, tengo tanta gente buena que me rodea que no hay motivo para no tener fortaleza y resiliencia. Siempre le digo a la gente: “Tírenme buena onda”, porque eso es lo que necesito ahora: buenas vibras.

¿Qué consejo le darías a alguien que está atravesando por lo mismo?

Al recibir el diagnóstico, es importante no perder el enfoque en las personas que te rodean. Siempre habrá alguien que dirá lo correcto en el momento indicado, así que no te pierdas en la enfermedad y concéntrate en las personas que están en tu vida.

Vive un día a la vez, y si las cosas se complican aún más, una hora a la vez. Evita las grandes preguntas como: “¿Podré sobrevivir a esto?” porque esos pensamientos te harán daño. Concéntrate en las pequeñas cosas, ve de a poco... Eso es lo que te permitirá seguir avanzando.